El “invitado”

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8.30:- Amor, ¿cómo vas?

-Bien, estoy terminando el pato y la ensalada de flores está lista.

-Perfecto, voy poniendo la mesa, mientras te vistes para el “Invitado”.

-Gracias mi amor.

-¿A qué hora dijo la agencia que llegaría?

– A las 9.05

9:00: – Amor, eres tan hermosa. Estás realmente bella. Le vas a fascinar.

-¿Estás seguro que quieres seguir?

-Sí, lo deseo. ¿Me lo concedes?

-Claro, vida mia.

9:03: Suena el timbre.

-No abras. Espera a que sean y cinco. Deja que te bese. Aún eres mía estos dos minutos.

-Deseaba tanto escuchar eso, mi amor.

9:05: Abren la puerta.

El invitado llega vestido como requería la ocasión. Pantalón y chaqueta, camisa blanca. Perfecto rasurado del rostro. Impecable peinado. Libre de perfumes. Zapatos lustrados.

George, era el invitado que estaban esperando. Educado, divertido, tremendamente atractivo. Masculino, de mirada sensual y sonrisa pícara. Un perfecto acariciador auditivo. Manos cuidadas con uñas limadas que invitaban a pensar que podrían ser hábiles e inquietas exploradoras.

Una cena deliciosa, vino escogido y  música envolvente eran el primer escenario para su invitado.

-Come el muslo con la mano, amor.

-Sí, mi vida, estoy deseando chuparme los dedos.

Cada gesto, cada guiño, cada palabra formaba parte del juego.

A la hora del postre, John le preguntó a George ¿Te gusta mi mujer?

-Tienes una mujer realmente atractiva y apetecible, John

-¿Te gustaría probarla?

-Nada me gustaría más

-¿Conoces las reglas?

-Recuerdamelas, por favor, la cena ha sido tan deliciosa y excitante que he olvidado mi papel.

-Al bajar a la sala, Pasión dejará de ser mi mujer y será una “Yegua” muy especial. Te entregaras absolutamente a ella, en silencio. Te están permitidas tres palabras. “Azul” para anunciar la llegada de ese momento sin retorno, pues sólo ella decidirá cuando eres digno de explotar de placer. Te lo hará saber con la palabra “Blanco”. Si algo te incomoda, te duele, te molesta, podrás decir “Amarillo” y ella cambiará. Si dices “Rojo” parará inmediatamente. Yo miraré y pediré lo que se me antoje. ¿Aceptas?

-Acepto.

Pasión escuchaba atenta, con los ojos llenos de amor y deseo. mirando a su hombre mientras la ofrecía a su invitado. Un hombre elegido para la ocasión por ella misma. Una vez  terminado el recordatorio, descorchó el cava que esperaba helado y con un brindis cerraron el acuerdo.

Bajaron. Pasión abría paso. Cada vez que uno de sus altos tacones tomaba la escalera su cadera bailaba, hipnotizaba el movimiento y el sonido. Era  una diosa. George no podía creer que aquella delicada mujer fuera a convertirse en una “yegua”. Impaciente trataba de imaginar cómo sería, mientras seguía el compás de su contoneo, descendiendo ante la atenta mirada de John.

Al abrir la puerta, la cara de George se transformó. ¡Qué sala! Lo tenía todo. Al cruzar el umbral cada uno ocupó su papel. John se sentó en un precioso sillón rojo colocado estratégicamente para apreciar todos los detalles de los escenarios, al tiempo que invitaba a George a sentarse en otro de piel marrón. Pasión, se dirigió hacia el vestidor.

Una vez los hombres tomaron asiento, la hermosa mujer comenzó a quitarse su maravilloso vestido negro,  bajo él, apareció una cuidada lencería que resaltaba las formas de aquella deidad. Retiró el sujetador dejando ver las pezoneras negras con flecos que enloquecían a John. Era un guiño privado, un gesto de amor. Retiró sus bragas elegantemente, manteniendo las medias con costura, el liguero y los vertiginosos zapatos. Cada gesto, cada mirada estaba cuidada, medida intencionalmente para avivar el fuego y arder en el deseo.

Aquella mujer de aspecto delicado estaba empezando a despertar al animal que había en aquellos hombres, sentados cómodamente, observando el espectáculo que ella les ofrecía.

Casi bailando se dirigió al escenario del baño, allí, delante de aquellos hombres, Pasión se sentó frente a un espejo en un taburete muy especial. Tomó una brocha de pelo natural y una barra de espuma de afeitar. Sin pudor, untó todo su sexo con aquella espuma. Con precisión de cirujano se rasuraba ante la mirada lasciva de sus hombres. 

¿Me corto? No, que querrán chuparme para cortar la sangre y aún no quiero que se acerquen. ¡Cómo me gusta verles así!, muertos de deseo, quietos, silenciosos, latiendo, pensaba mientras les miraba y paseaba sus atributos con descaro dirigiéndose nuevamente al vestidor.

Contemplando su repertorio eligió un corpiño de cuero que ceñía su cintura y portaba una preciosa cola de caballo en la espalda. Una vez colocados todos los amarres, con un gesto, atrajo al invitado al escenario.

George llegaba excitado como un animal, deseando tomar a aquella mujer que llevaba horas provocando su deseo, sin embargo, tenía que cumplir su contrato. Estaba allí para que Pasión lo tomara a su antojo.

Una vez subió al escenario, Pasión se lanzó a él olfateándole. Moviendo su hermosa cola, describiendo círculos alrededor de él. Olía su pelo, su piel, su ropa. Se movía con gestos salvajes, coordinados, apasionados. Era una Yegua y una Mujer. Una humana mamífera, una animal salvaje que tenía frente así a un hombre dispuesto a satisfacerla sin límite.

Comenzó por despojarlo de sus ropas, mientras el grifo llenaba la bañera. Olfateaba, olía, tocaba, lamía aquella piel que sería suya. Las yemas de sus dedos percibían el latir del invitado. Excitada, conectando los ritmos cardíacos, le bañó con sus propias manos. Estaba bajando el prepucio cuando escuchó:

-Comprueba el periscopio y los mandos internos.

Sin aviso, se metió en la bañera e introdujo todo el periscopio en su boca, al tiempo que comprobaba que los mandos internos funcionaban perfectamente.

-Excelente inmersión, querida.

Salió entonces del agua y tendió una mano a su invitado indicándole la toalla, junto a ella, George vio el arnés y el suspensorio que debía colocarse.

Listo para la  siguiente escena, Pasión  se colocó en cuadrupedia sobre el suelo, moviendo su cola de yegua. El invitado imitó la postura, olisqueó y cubrió con su boca aquel sexo recién rasurado que tan apetecible se mostraba entre los ondulantes movimientos de la cola.

Su comportamiento y postura animal excitaban a John, todo era de su gusto. Pasión sabía leer los deseos de su hombre al tiempo que satisfacía sus fantasías más privadas.

Se colocó entre y bajo las piernas del invitado, que permanecía en cuadrupedia. Chupaba aquel miembro colgante y duro, mientras acariciaba la puerta de atrás con la intención de dilatar la entrada.  George Gritaba ¡Azul! con cierta frecuencia.

Pasión parecía gozar negándole el estallido, frenando, congelando la imagen, hasta que la respiración del invitado recobraba el ritmo y ella devoraba aquel cuerpo rendido a su placer. Toda esa piel era para ella. Todo ese cuerpo vibraba para ella. Azul… Azul… Azul… escuchaba.  Embrutecida, pidiendo a la carta y tomando con antojo, cambió su corsé de cola por un arnés. John disfrutaba de aquella escena como si él fuera el objeto, como si fuera su piel, como si fuera su sexo el que lamía su mujer.

Colocó al invitado boca arriba, frente a ella, semiincorporado. Acomodó los tirantes, el suspensorio ahora solo mostraba el cuarto oscuro. George, en postura de entrega esperaba impaciente la iniciativa de aquella Mujer. Acercándose a él con máxima delicadeza, perfectamente lubricada, fue penetrando con su arnés al invitado. Clavando las pupilas en las suyas para determinar cuando y cuanto penetrar.

Dentro, tan dentro como era posible, tomó los amarres del pecho del invitado, retiró el suspensorio y comenzó a cabalgar cual yegua desbocada. Lo que allí sucedió podría traducirse en dos palabras: placer salvaje.

-Blanco, blanco, blanco!!! Gritó Pasión  al notar que el estallido era inminente.

Un chorro blanco salpicó el cuello y chorreo por su pecho, al tiempo que la cama se mojaba de placer.  En ese preciso momento, John se acercó, retiró los amarres del arnés dejándolo dentro del invitado, liberándolo del cuerpo de su amada. Limpió con amor su cuerpo, la tomó en brazos, temblaba como una hoja. La llevó a las sábanas blancas y allí la tomó ante los ojos llorosos de George que nunca había presenciado el amor en cuerpo y alma de dos seres extraordinarios, diseñados para el placer.

©Marina M.T. Sep 2016

 

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Acerca de cuidarconcuidado

Hola! Soy Marina, de profesión Enfermera. Me interesan los cuidados del cuerpo, del alma y de la mente
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8 respuestas a El “invitado”

  1. montse140858 dijo:

    Qué decir de un relato tan directo… Me ha hecho recordar “El amante de lady Chatterley” y “Delta de Venus”, de Nin. Potente. Fascinante.

    Le gusta a 1 persona

  2. Martiel dijo:

    ¡¡¡Ufffff!!!! ¡¡¡Que temperatura!!!

    Le gusta a 2 personas

  3. MJBeristain dijo:

    Estupendo relato erótico, te felicito. Un abrazo

    Le gusta a 1 persona

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