¿Qué tienen en común los malos malísimos?

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El denominador común oculto tras la máscara de la maldad es el dolor. Si mi objetivo fuera repasar los personajes de los “malos” argumentaría el dolor que esconde cada uno de esos personajes, generalmente relacionado con su infancia, con la relación con sus padres, con abandonos, faltas de cariño, de reconocimiento, de pertenencia, de amor en definitiva.

He visto un vídeo de Pixar que es “brutal” y que viene hilado con esto del dolor interno.

A veces suceden hechos que nos marcan. Pueden o no ser dramáticos o catastróficos, lo que sí son es significativos.

En ocasiones, el dolor es tan grande que queremos “desaparecer”, que deja de tener sentido nuestra vida porque sentimos que internamente nuestro reloj se detuvo hace mucho. Nos vemos ante un precipicio, con vértigo, con deseos de saltar al vacío y acabar con el dolor y al mismo tiempo deseando que suceda algo que nos haga permanecer y de cuerda a ese reloj interno que nos hace latir.

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Es necesario llorar el dolor, la pena, soltar la rabia acumulada, romperse, morirse para renacer. Es imprescindible curar la herida  que adolece a  nuestro “niño interno” para crecer como persona, para madurar. El proceso suele estar sembrado de sabotajes y manipulaciones que se cultivan como setas cuando mantenemos lo que se conoce como “relaciones tóxicas”.

Interesante es saber que es en el escenario de la relación de pareja donde suelen aflorar las sombras, incluso aquellas que nos esforzamos por “mantener a raya”, de manera que conviene apreciar las oportunidades que nos brinda nuestra pareja para transmutar el dolor en amor y el miedo en confianza.

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Con mucha frecuencia vemos reflejado en los demás nuestros miedos, nuestras carencias, nuestras inseguridades, nuestro yo más hostil, incluso nuestro yo traidor, mentiroso, manipulador reconocer esos ingredientes como parte de nuestra esencia es una tarea bien desagradable, nadie quiere llevar la etiqueta de traidor o mentiroso, sin embargo dentro de cada uno de nosotros, aunque sea en una diminuta proporción existe ese ingrediente. Asumir que somos humanos falibles y perdonar nuestros errores forma  parte del viaje.

El caldo de cultivo para propagar el “lado oscuro” es el miedo, la baja autoestima y el desconocimiento de quienes somos en realidad. Por ello invertir en uno mismo, en conocernos, amarnos, respetarnos como individuos  es la mejor inversión que podemos hacer.

En términos económicos, uno invierte en algo en lo que cree que va a ganar. Nadie invierte para perder, conscientemente, por ello primero invierte en mejorar tu situación personal, en conocerte, invierte en relaciones personales saludables y sinceras los “beneficios” llegaran de manera natural. Ahora si permites que en tus relaciones los demás ganen (de ti) sin invertir (en ti) la balanza se desequilibrará y solo  habrá un perdedor (tú) natural.

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Una cosa es ver más allá de la punta del iceberg, dar amor, cariño y confianza, seguridad y pertenencia a la persona que se comporta como “malo de la película” porque sabes que el amor sana porque ves en la dificultad una oportunidad o porque has descubierto el diamante bajo la piedra y otra ir de Quijotes por la vida, salvando a quien no quiere ser salvado o ayudando a quien desprecia la ayuda. Conviene tener presente que los cambios se generan internamente. Claro que es posible cambiar, siempre que uno lo desee y esté dispuesto a desprenderse de sus hábitos inadecuados para abrazar lo nuevo.

 

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Acerca de cuidarconcuidado

Hola! Soy Marina, de profesión Enfermera. Me interesan los cuidados del cuerpo, del alma y de la mente
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6 respuestas a ¿Qué tienen en común los malos malísimos?

  1. marguimargui dijo:

    me decía hace un tiempo una profesora de interpretación. Ningún malo es malo porque si. Para entrar en el y representarlo, hay que buscarle el porqué. Hay que saber que le llevó hasta allí.
    un beso

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  2. Poli Impelli dijo:

    Qué bien lo has explicado, Marina. Tan real y claro! Yo anduve de Quijote (no sabes lo bien que me fue… jajaja), así comprendí no sólo el inmenso dolor del niño interior herido, sino también que no se puede ayudar a quien no quiere ser ayudado, y a quien aún no le llega su tiempo de madurar. Pobre gente la que tal vez intentó hacerlo antes conmigo y yo no me daba cuenta. Porque no hay peor ciego que el que no quiere ver. Lo bueno es siempre perdonar, retirarse con empatía, y saber que el tóxico deja de serlo cuando se ama a sí mismo y comienza su tránsito de cambio. Todos, como bien dices, hemos tenido o tenemos nuestra parte gris, nuestro ego enjaulado 😉
    Gracias, abrazo infinito!

    Le gusta a 1 persona

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