El deshielo

glaciare

Había una vez una hermosa mujer que vivía, atrapada, en su coraza de hielo.  Desde ahí veía el mundo y se relacionaba con calidez. Aunque parezca una paradoja, que lo es, era muy cálida en sus relaciones.

El miedo, esa feroz voz interna, alimentaba las múltiples capas. Un año crecieron tanto y tantas que sintió que estaba congelada. Sentía tanto frío que ni el mayor de los abrazos, ni la más cálida manta podían calmar el temblor de su cuerpo que vibraba como una hoja por el frío, con independencia de la estación.

Se relacionaba desde esa máscara. Sus “gafas” de ver la vida y a las personas estaban “mal graduadas”, desenfocadas. Con frecuencia confudía sus emociones y atribuía a personas cualidades de las que carecían total o parcialmente. Esto le hacía sentirse loca e inadecuada y así era como el hielo crecía más y más.

Cansada de relaciones de “plástico” o incluso de “metacrilato”, de espejismos en el desierto decidió indagar. Emprendió el más complejo de los viajes. Caminó hacia su interior, sin mapas, sin instrucciones, con intuición.

Buscó y rebuscó hasta encontrar, como por arte de magia -como suceden las grandes cosas-, a aquellas personas que con actitud socrática le llevaron al fondo de la cuestión. Ella adoraba las preguntas, sabía que sólo las buenas preguntas conducen a otras mejores.

Dolorida, cansada, ajada internamente, a pesar de lucir una impecable imagen externa, reconoció su dolor. Le puso palabras. Lloró y gritó. Sintió que algo muy íntimo se rompía sin saber qué era.

En paralelo, un persona sencilla, sabia por naturaleza, una perla en su camino, se tomó el tiempo para mirar aquello que era invisible a los ojos. Ofreció sostén, apoyo, consuelo, calma, cuidó de ella de tal modo que sin saber muy bien cómo…

…se fue produciendo el deshielo. Al principio no era muy consciente de ello. Todo parecía ser “igual que siempre”. Sin embargo sus decisiones eran otras. Aprendió a esperar, a ser paciente, a fluir, a respetar los tiempos de los demás.

Siempre había tenido esa calidez que la hacía confiable. Las personas le contaban cosas confiando en su discreción, en su ética, en sus valores. Ahora, esos gestos eran más potentes. Su corazón estaba al descubierto, sin su coraza de hielo. Ahora sentía más intensamente. Ahora entendía desde otra dimensión la vida.

Las semillas que habitaban en ella comenzaban a florecer. El agua del deshielo era su nutriente, así como los excrementos de animal abonan las tierras. Y es que en el camino del amor mayúsculo, que supone esa energía transformadora, todo tiene sentido, todo tiene un ritmo y una lógica.

Se sentía vulnerable, quebradiza. Tenía que aprender a cuidar de ese precioso jardín que había gestado durante tantos años, a protegerse sin coraza, a ser la guerrera que siempre había sido, ahora desde la consciencia.

©Marina M.T. Dic 2016

Con todo mi amor para M.S. y R.D., sopladores de brasas.

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Acerca de cuidarconcuidado

Hola! Soy Marina, de profesión Enfermera. Me interesan los cuidados del cuerpo, del alma y de la mente
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10 respuestas a El deshielo

  1. neofreemind dijo:

    Imagino que habrá más pero nunca había leído una personificación tan certera.
    Buenas noches =0)

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  2. Pingback: El deshielo — Cuidar con Cuidado. Marina Monzón – Hace Tesis

  3. marguimargui dijo:

    Será que el mundo se está haciendo mejor por el deshielo de los glaciares y el calentamiento global… Mmm creí que ahí no..
    Muy bonito, un beso

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  4. Y no es nada fácil quitarse la coraza que a veces nos ponemos. Me gusta mucho como has descrito el proceso. Un abrazo

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  5. Buena cosa encontrarse a uno mismo, aunque no siempre fácil.
    Felicidades !
    Saludos

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